CUERPOS QUE SE NIEGAN A SER
OLYMPICA
Obra del Grupo Krapp
El comienzo de una obra teatral, la escena inicial, eso que el director decidió mostrarnos antes que ninguna otra cosa, es de una importancia esencial para definir la relación que uno entabla con la pieza que está viendo, para encauzar expectativas, para atrapar la atención del espectador. En este sentido, la apertura de Olympica del Grupo Krapp, dotada de una inusitada calidad poética, conquista al público y lo sumerge en una obra tan inusual como adrenalínica.
Una deportista baja, lentamente, por una rampa, mientras otro deportista la ilumina desde una bicicleta. Su sombra, agigantada, se proyecta sobre una pared. Eso es lo que ella fue algún día: gigante. Y eso es lo que ella es ahora: una sombra. Porque de eso se trata la nueva puesta de Krapp: unos ex jugadores olímpicos que ahora se encuentran en un centro de rehabilitación. O más bien, unas personas que intentan recuperar un brillo ya opacado. Gente que se niega a dejar de lado unas costumbres, a perder su lugar en el mundo, a darse por vencida.
De todos modos, esto poco importa, porque si algo no es Olympica es una obra que siga a rajatabla una estructura narrativa clásica. Olympica se compone como una sucesión de situaciones que no siempre tienen un nexo lógico, pero que se complementan e, incluso, conducen a un clímax.
Lo que sucede en el escenario es por momentos terriblemente humorístico, por momentos un tanto introspectivo y oscuro, por momentos fundamentalmente paródico; pero es, en todo momento, un extremo derroche de energía. Lo que más brilla en escena es el desempeño físico de los actores (Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro y Fernando Tur). Corren, saltan, andan en bicicleta y hasta nadan, adaptando sus desempeños a los límites de sus personajes y logrando unos resultados que dejan al público con la boca abierta (uno queda exhausto tan sólo de ver el exceso de energía que esos cuerpos profieren en el escenario). Son cuerpos que hablan, que dicen lo que no se dice verbalmente, que cuentan historias, anhelos, logros y frustraciones. Cuerpos mellados, golpeados, grabados.
Cuerpos vividos. Cuerpos experiencia. Cuerpos historia.
Cuerpos que fueron pero, sobre todo, cuerpos que se niegan a dejar de ser.
Por Anabella Castro Avelleyra
Para www.criticateatral.com.ar